La moda en época de Covid-19

La pandemia de la Covid-19 muestra diferentes facetas de la humanidad, dentro de ellas está la moda, que en esta época no está expuesta por el encierro. Pero, una diseñadora ecuatoriana y reconocida a nivel mundial propone prendas cómodas, de calidad y adaptables.

Por Anabel López

La moda actual está pensada en función de hacernos sentir fuera de tendencia constantemente. De las dos temporadas al año que conocíamos, Primavera/Verano y Otoño/Invierno, ahora hay hasta 52, lo que quiere decir que, si dividimos los 365 días del año para las 52 nuevas temporadas, deberíamos sentirnos pasados de moda cada semana y así comprar constantemente nuevas prendas y desechar otras.

Es indudable la codicia detrás de la industria de la moda, sin mencionar la poca o nula responsabilidad social y ambiental de la mayoría de las grandes marcas. Enunciación reflejada en las miles de muertes por accidentes de trabajadores/as producidas por infames condiciones laborales.

Hasta el 2018 se estimaba que alrededor de 27 millones de trabajadores en las cadenas de suministro de moda en todo el mundo padecen enfermedades y dolencias relacionadas con el trabajo, por alto riesgo y poca seguridad profesional.

Dichas lesiones pueden surgir de varias situaciones laborales irresponsables, como el mal manejo y la exposición a sustancias químicas y peligrosas al teñir telas, equipo deficiente y capacitación inadecuada para operar maquinaria, incendios de fábricas y procedimientos de seguridad defectuosos, fibras diminutas de pelusa y polvo textil, particularmente en el procesamiento de algodón, que conducen a enfermedades pulmonares; así como los efectos negativos que causan a largo plazo el trabajar demasiadas horas extras, y además con salarios irrisorios.

Quien iba a imaginar que de repente, un virus dejaría a la moda relegada a un segundo plano. Ahora que estamos confinados sin poder salir, de qué nos sirven tantas temporadas y toda esa ropa desechable, ropa que para lograr satisfacer paladares cambiantes contamina sin piedad y explota sin control. Ropa que no se usa dentro de casa porque los mejores looks fueron comprados para ser mostrados a los demás, fuera de nuestros hogares y en ocasiones especiales. En casa utilizamos solo lo que nos hace sentir más cómodos, algo que nos identifica, algo que representa quienes somos en realidad, cuando no tenemos nada que aparentar.

Muchas cosas han salido a la luz durante esta pandemia, demostrándonos que el mundo no puede volver a la normalidad porque lo normal no estaba funcionando. Si bien es cierto, hay bondades que han emergido para ayudar y para devolver un poco de esperanza en el género humano; también hay mucho que debe cambiar. No podemos seguir consumiendo inconsciente e irresponsablemente, porque eso nos hace cómplices de lo bárbaro, de lo salvaje, de lo inhumano.

Si la raza humana aprende una lección de esta pandemia, y si hay una manera de salir de los problemas generados por ella, es la de dejar de “jalar” cada uno para su lado, dejar de agravar los egoísmos, no pensar
sólo en el propio beneficio porque está clarísimo que de este modo, la situación solo empeora.

La época del Covid-19 nos demanda empezar a contribuir, a colaborar, a pensar en el otro, a amar un poco más. Es obligatorio saber que resulta mucho más beneficioso compartir que competir.
Las marcas de moda y empresas en general deben cambiar su enfoque, sí, pero los consumidores deben también aprender a consumir. Los desastrosos resultados del consumo desmedido de moda no se dan solamente por la oferta codiciosa de las grandes industrias, sino por la falta de educación de un consumidor rebaño que acepta y acoge una propuesta atractiva y maquillada pero con alma de roedor.

Mi propuesta como diseñadora de modas es seguir enfocándome en el carácter expresivo de la moda, creando diseños que dialogan, que dicen algo de quien los usa , que exteriorizan entrañas y corazones, ropa que parte de la personalidad, que es creada desde un concepto y que no solo sigue tendencias ajenas y vacías.

Propongo prendas únicas, porque únicos somos cada uno de nosotros, prendas cómodas, de calidad y adaptables, que no forman parte de una sociedad de remedo, que no terminan al culminar cada temporada y que no mueren en la basura a cada rato para dar paso al comienzo de un nuevo ciclo de consumo igual que el anterior.

Se debe hablar de una moda perdurable, que no se descarta fácilmente porque forma parte de una sensibilidad. Pero lo más importante, una moda cuyo entorno es positivo, vestidos que dan trabajo digno, bien pagado, con un diseño que piensa siempre en los procesos que están detrás de su producción, procedimientos mucho más humanos y mucho más conscientes con nuestro hogar y su medio ambiente.

Fotografía y dirección de arte: Ricardo Cornejo.
Modelos: David Cornejo y Anabel López
Agradecimiento especial: Almacen Lo Nuevo y lo Viejo