¡Sin tí no somos nada, bigotes!

Por Hugo, el búho

Solo quién no conoce al “matraca” le cree sus discursitos sensibleros en vivo y en directo. Sus últimas declaraciones pueden convencer a algunos ingenuos. Cierto. Siempre hay socialcristianos de corazón que piensan que el caballero de guayabera es un ídolo. Y como la prensa casi nunca le cuestiona nada, porque saben que “el bigotes” tiene tentáculos por doquier, entonces el Nebot pasa como si fuera casi un santo, un político entregado a su pueblo, un líder al que se le debe sumo respeto. Un duro que transformó Guayaquil a punta de mano dura, de fundaciones y de malecones donde se prohíben los besos en público.

Aplausos para el man.

Un político de su trayectoria y con su ego no puede darse el lujo de perder una elección presidencial, así la tercera parezca la vencida. Él sabe que los números no le alcanzan, y peor desde octubre, donde quedó demostrado que es un racista a tiempo completo, como todos los socialcristianos que en el mundo han sido. Los del páramo lo sepultaron. Ahora, nos sale con que ha decidido retirarse de la vida pública, que su familia es primero, que ya no quiere ningún cargo, que es mejor que le extrañemos, que el pueblo debe liberarse y otra sarta de mentiras del mismo tono.

Solo un poquito de sentido común basta para entender que “el bigotes” quiere seguir mandando, pero desde la casa o desde Miami o donde sea que tenga sus milloncitos paradisíacos. No es tan bruto para aflojar la teta. Después de mangonearle a su gusto al pusilánime del presidente, ya estará pensando en su delfín. Todos los pronósticos apuntan a que el Otto, adicto a los flashes será su carta de buena cuna: el puente que la aristocracia de guayabera necesita para seguir gobernando. Lo seguro es que “matraca” ya se puso de acuerdo con el otro “mamatraco”, ese banquerito que escupe hasta para saludar. Ya delinearon la estrategia, ya se proyectaron para adueñarse del poder de manera directa, y no por intermediarios en silla de ruedas.

Lo más irónico es que –al despedirse de la candidatura a presidente- nombró al pueblo media docena de veces, como si él entendiera esa palabra a la que le tiene tirria. Qué ganas de llorar al mirarlo, ahí, con terno y corbata, con decenas de libros que seguro nunca leyó. Si el video duraba un poquito más, me volvía socialcristiano en un dos por tres. Quizá, lo único que le hizo falta es un cuadro de fondo, donde se aprecie la laguna de Yambo. Por más que pretenda diferenciarse de aquel León F. Cordero, su amado padre político, no le sale. Hasta un ojo se le está cerrando; y su discurso cada vez es más escuadrón volante de prosperidad.

A propósito de prosperidad, dice que va a comandar un nuevo plebiscito por la prosperidad. Y ahora se llamará Cinco veces sí, a lo mejor. Nos quiere convencer que es defensor a ultranza de la Seguridad Social. ¡Elé! Ya mismo que se pone guayabera roja. ¿No que ya se retiraba de la vida política? Eso no va a pasar. Y peor ahora que su alcaldesa no da la talla. La colorada le falló y de largo. Como que le falta ese bigote que se alimenta de prepotencia y cenas en el Club La Unión.

En cualquier momento dirá: “yo pensaba retirarme, pero las circunstancias terribles que vive el país me han convencido que debo estar donde le pueblo diga que esté”. Y ya. Por ahora, lo único que hay que hacer es ponerle un bigote al Lasso y otro al Otto.

¡Sin tí no somos nada, bigotes!